1 de octubre de 2026
Celulares en escuelas de México: de la restricción a la estrategia digital
Desde el 3 de noviembre de 2026, la SEP restringe el celular en educación básica. Qué cambia, qué dice la evidencia y qué decisiones debe tomar cada escuela.

Prohibir el celular no resuelve la pregunta más importante
En síntesis. El Acuerdo 09/09/26 de la SEP restringe, desde el 3 de noviembre de 2026, el uso de celulares y dispositivos personales durante toda la jornada en educación inicial, preescolar, primaria y secundaria, públicas y particulares. La norma deja abierto el uso con fines educativos previamente programados. Cumplirla es obligatorio; decidir qué tecnología sí tiene un propósito pedagógico, y cómo saber si funciona, sigue siendo tarea de cada escuela. Este texto propone pasar de la restricción a una estrategia digital propia.
Qué cambia para las escuelas
Durante agosto, el uso de celulares en las escuelas mexicanas pasó rápidamente de ser una conversación entre padres, docentes y directivos a convertirse en un asunto de política educativa nacional.
EL PAÍS describía entonces a México entrando en una tendencia internacional de restricciones al teléfono dentro de las escuelas. Días después, la presidenta Claudia Sheinbaum manifestó públicamente su apoyo a restringir su uso en educación básica y planteó la conveniencia de recuperar espacios de aprendizaje apoyados en papel, lápiz y convivencia presencial.
Desde entonces, la discusión avanzó más rápido que el calendario escolar. El 22 de septiembre, la Secretaría de Educación Pública publicó en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo 09/09/26. A partir del 3 de noviembre de 2026, en educación inicial, preescolar, primaria y secundaria, tanto pública como particular, se restringe el uso de celulares y dispositivos personales durante toda la jornada escolar, salvo para actividades educativas previamente programadas, emergencias y determinadas necesidades de salud, discapacidad, accesibilidad o inclusión.
La discusión, por tanto, ya no es solamente si México debe regular los celulares en las escuelas. La regulación ya llegó. La pregunta interesante empieza después. Menos celular no significa necesariamente mejor tecnología educativa.
Qué sabemos sobre distracción y aprendizaje
Existe evidencia suficiente para tomarse en serio el problema de la distracción digital. En los resultados de PISA 2025, 37% de los estudiantes mexicanos reportaron que sus compañeros se distraían frecuentemente con dispositivos digitales durante la mayoría o la totalidad de las clases de ciencias, frente a un promedio de 28% en los países de la OCDE (OCDE, ficha de México de PISA 2025).
La tendencia regulatoria tampoco es exclusivamente mexicana. UNESCO reportó en marzo de 2026 que 114 sistemas educativos —58% de los países monitoreados— contaban ya con alguna prohibición nacional al uso de teléfonos móviles en las escuelas.
Pero hay una distinción importante. Encontrar evidencia de que un celular puede distraer a un estudiante no demuestra que toda tecnología dentro del aula perjudique el aprendizaje. Y encontrar una aplicación educativa que produzca buenos resultados tampoco demuestra que introducir más tecnología mejore automáticamente la educación.
La propia OCDE ofrece una señal interesante. En México, los estudiantes de escuelas donde no se permite el celular tienen alrededor de 25% menos probabilidad de reportar distracción digital. Sin embargo, México está entre la minoría de países donde esa distracción no se asocia con diferencias significativas en el desempeño (OCDE, ficha de México de PISA 2025). Restringir reduce la distracción; que eso se traduzca en mejor aprendizaje no resulta igualmente claro.
La conclusión razonable no es “pantallas sí” ni “pantallas no”. Es algo bastante menos cómodo: depende de qué tecnología, utilizada para qué propósito, de qué manera y con qué acompañamiento. Un celular no es lo mismo que una computadora. Y ninguno de los dos es lo mismo que la inteligencia artificial.
“Pantallas” nombra fenómenos distintos
Parte de la conversación pública agrupa bajo la palabra “pantallas” fenómenos profundamente distintos.
- Un estudiante viendo TikTok durante una clase.
- Una maestra proyectando una simulación científica.
- Un alumno investigando una fuente en una computadora.
- Una plataforma adaptativa ajustando ejercicios según su desempeño.
- Un adolescente pidiendo a una inteligencia artificial generativa que haga su tarea.
- Y un profesor utilizando esa misma inteligencia artificial para diseñar actividades diferenciadas.
Todos involucran tecnología. Pedagógicamente, no son el mismo fenómeno. Esa diferencia importa porque el nuevo marco mexicano tampoco plantea una eliminación absoluta de la tecnología. En educación básica permite dispositivos cuando existe una finalidad pedagógica previamente programada, bajo la orientación de las y los docentes.
La palabra importante no es solamente la restricción. Es intencionalidad.
Y ahí surge una dificultad que ninguna prohibición puede resolver por sí sola. ¿Quién decide cuándo existe suficiente intencionalidad pedagógica? ¿Con qué criterios? ¿Cómo sabe una escuela si la herramienta que incorporó está ayudando a aprender? ¿Qué usos de la inteligencia artificial acepta? ¿Cuáles modifica? ¿Cuáles rechaza? ¿Qué saben sus docentes? ¿Qué están haciendo realmente sus alumnos? ¿Qué creen los padres que está ocurriendo?
Tener una política no implica necesariamente tener respuestas.
De la regulación a la gobernanza
Durante años, la conversación sobre digitalización educativa estuvo dominada por una pregunta relativamente sencilla: ¿tienen los alumnos acceso a tecnología? Computadoras. Tabletas. Internet. Plataformas. Hoy la pregunta es distinta. La tecnología ya está dentro de las escuelas y, en muchos casos, también dentro de los procesos educativos aunque la institución nunca haya decidido formalmente incorporarla. La inteligencia artificial es el ejemplo más evidente.
Un colegio puede no haber adquirido una sola herramienta de IA y tener, al mismo tiempo, alumnos utilizándola para tareas, docentes preparando materiales con ella y familias recurriendo a asistentes generativos para apoyar trabajos escolares. La adopción puede ocurrir antes que la política. Por eso la nueva regulación puede solucionar una parte del problema y, simultáneamente, hacer más visible otra. Una institución puede guardar todos los celulares durante la jornada y continuar sin saber cómo quiere relacionarse con la tecnología. Puede cumplir perfectamente la norma y seguir sin una estrategia digital.
Qué decisiones necesita tomar cada colegio
Una regla responde preguntas como: ¿cuándo puede utilizarse un dispositivo?
Una estrategia institucional necesita responder otras:
- ¿Qué queremos conseguir utilizando tecnología?
- ¿Qué prácticas queremos preservar precisamente porque no queremos delegarlas a una máquina?
- ¿Qué capacidades necesitan desarrollar nuestros docentes?
- ¿Qué riesgos estamos dispuestos a aceptar?
- ¿Cómo cambia nuestra evaluación cuando un estudiante tiene acceso permanente a inteligencia artificial?
- ¿Cómo distinguimos asistencia de sustitución?
- ¿Qué datos pueden introducir los profesores y los alumnos en herramientas externas?
- ¿Cómo explicamos nuestras decisiones a las familias?
- ¿Y cómo sabemos, dentro de seis meses, si lo que decidimos funcionó?
No existe una respuesta universal. Un colegio bilingüe de primaria, una secundaria con un modelo constructivista y una preparatoria orientada a STEM pueden llegar legítimamente a políticas distintas. Lo importante es que esas políticas sean deliberadas y no simplemente el resultado acumulado de decisiones aisladas.
Decisiones pedagógicas recomendadas
Lo siguiente es una recomendación de Interdependencia derivada del argumento de este texto, no un requisito del Acuerdo 09/09/26. Cada escuela debe contrastarla con la norma y con los lineamientos de su autoridad educativa.
- Usos permitidos. Definir por escrito qué actividades con dispositivos tienen intencionalidad pedagógica, quién las programa y cómo se registran.
- Formación docente. Acordar qué necesita saber el profesorado para diseñar esas actividades y para orientar el uso de inteligencia artificial, y cómo se va a formar.
- Evaluación. Revisar tareas y exámenes a la luz del acceso a inteligencia artificial, distinguiendo asistencia de sustitución, y fijar cómo se medirá si las decisiones funcionan.
- Comunicación con familias. Explicar qué se restringe, qué se permite y por qué, y abrir un canal para revisar las decisiones cuando cambie la evidencia.
Antes de decidir, hay que saber qué está ocurriendo
Este es precisamente uno de los problemas que estudiamos en Interdependencia. Nuestra hipótesis de trabajo no es que los colegios necesiten más tecnología ni que necesiten menos. Es que necesitan mejor información para decidir qué hacer con ella.
Con Mentat Signals analizamos cómo una institución está gestionando la llegada de la inteligencia artificial: qué ocurre en la práctica, qué dicen sus políticas, qué saben y hacen los docentes, dónde existen tensiones y qué decisiones requieren atención. El objetivo no es entregar a todos los colegios el mismo manual. Es construir una radiografía lo suficientemente clara como para que cada institución pueda tomar decisiones propias con evidencia, identificar riesgos y convertirlos en un plan de acción.
Porque copiar la política del colegio vecino puede ser tan poco estratégico como adoptar la herramienta tecnológica de moda.
La regulación puede ser el comienzo, no el final
México ha tomado una decisión importante sobre los dispositivos personales dentro de las escuelas. Ahora viene una tarea probablemente más difícil. Construir una cultura en la que alumnos, docentes, familias y directivos aprendan a distinguir entre tecnología que distrae, tecnología que sustituye procesos cognitivos que necesitamos preservar y tecnología que verdaderamente amplía las posibilidades de enseñar y aprender.
Eso requiere reglas.
Pero también formación docente, alfabetización digital, conversación con las familias, criterios pedagógicos, mecanismos de evaluación y capacidad institucional para revisar decisiones cuando la evidencia cambie. La regulación puede decirle a un estudiante cuándo guardar el celular. No puede decidir por una escuela qué relación quiere construir con la tecnología. Esa decisión sigue perteneciendo a cada comunidad educativa. Y quizá esa sea ahora la pregunta que los colegios deberían hacerse:
Si mañana desaparecieran todos los celulares de nuestras aulas, ¿tendríamos claro qué tecnología queremos que permanezca, para qué queremos utilizarla y cómo sabremos si realmente está ayudando a nuestros alumnos a aprender?
Fuentes
- SEP (2026). Acuerdo número 09/09/26 para garantizar los derechos de niñas, niños, adolescentes y jóvenes en la interacción, uso responsable y seguro de los dispositivos digitales personales, así como de tecnologías de aprendizaje en las escuelas públicas y particulares del Sistema Educativo Nacional. Diario Oficial de la Federación, 22 de septiembre de 2026.
- OCDE (2026). PISA 2025 Results (Volume I): Mexico — Country note.
Actualizado el 7 de octubre de 2026: se añadieron una síntesis, encabezados, enlaces a las fuentes oficiales y una lista de decisiones recomendadas. El argumento no cambió; se precisó el dato de la OCDE sobre restricción y desempeño con base en la ficha de México.

